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Un Partido de Fútbol y Una Pelea entre Bomberos Sin Importancia

José Musse

La compañía de bomberos Antonio Alarco 60, que para quienes no lo sepan, es la estación donde me formé como bombero, organizó hace unos días una competencia deportiva con el fin de recaudar fondos necesarios para pequeñas reparaciones en el cuartel.


La competencia tenía como objetivo reunir a todas las unidades de la Departamental de Callao, pero en uno de los partidos, que no iba a descubrir al próximo futbolista de la selección nacional ni al fichaje internacional para el Bayern, se desató una pelea inesperada. 


Un empujón, una palabra mal dicha, y la pelea se descontroló. Lo que debía haber sido una jornada de fraternidad terminó con magulladuras y egos dañados. Fue un mal ejemplo para la institución, las familias de los bomberos y el vecindario que presenció cómo toda esa energía se desperdiciaba en vano. ¿Debía expulsar a esos bomberos? No, definitivamente no. ¿Debían ser suspendidos? No, para nada. ¿Deberían recibir un llamado de atención los involucrados? Sí, claro. Y nada más.

Personalmente, espero que esa adrenalina y testosterona la canalicen en la respuesta a emergencias, especialmente durante los entrenamientos. Si los jefes deciden castigarlos, tampoco me opondría, siempre que no quede registrado en su historial personal, lo cual me parecería excesivo. Para mí, el mejor castigo para los alborotadores sería que tuvieran que entrenar cada noche, cargando mangueras con su equipo personal, durante un par de semanas.


Si la pelea hubiera ocurrido estando uniformados como bomberos, la historia sería diferente. Sería el primero en sugerir una sanción severa de inmediato. Pero este episodio es solo una anécdota graciosa e intrascendente. Aunque deben evitarse, mientras no haya necesidad de visitar un hospital ni la policía se vea involucrada, lo considero dentro de lo aceptable cuando se trabaja con jóvenes inmaduros, con más energía de la que saben manejar.


Pero no me malinterpreten, no ignoro lo sucedido. Como oficial, investigaría a fondo qué ocurrió, quién inició la pelea y quiénes se involucraron. ¿Por qué? Porque acabo de decir que es un episodio anecdótico y cómico. En sí mismo es intrascendente, ya que la línea entre lo personal y lo institucional en este caso es borrosa, pero también revela mucho sobre el carácter de los involucrados.


Refleja a hombres que no saben controlar sus emociones ni sus acciones. Saber quiénes iniciaron, siguieron y participaron en la pelea dice mucho de las personas. ¿Quién trató de separarlos? Un hombre sabio y conciliador. ¿Quién alentó la lucha? Aquí tenemos a un hombre violento y temperamental. No se trata de un caso de disciplina, sino de juicio y evaluación personal. ¿Quién tiene la capacidad y el carácter para ser ascendido? Si uno de los más belicosos es un oficial, eso me indica que fue promovido erróneamente, lo cual me lleva a trazar una línea hasta llegar a quien sugirió y promovió tal ascenso. Ahora tengo claro que hay al menos dos personas que nunca debieron ser oficiales.


Una pelea sin importancia que, sin embargo, dice mucho sobre quiénes pueden y quiénes no deben tener poder ni autoridad sobre los demás.



José Musse

New York City

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